On board: De regreso
El último día de navegación de mar fue más relajado que el anterior (a la ida). La gente ya conocía su lugar preferido en la nave y pesar de haber muchos entretenimientos, trivias y la “Big Sale” general, el ánimo de todos era más melancólico.

No se si será el “after Cozumel” pero creo que el regreso fue más rápido (aunque tardamos un día igualmente). Ya la gente más acostumbrada a sus sitios preferidos no vagaba investigando cada recoveco del Navigator of the Seas. Los fanáticos de la gimnasia trataban de purgar sus culpas en las cintas. Las amantes del spa renovaban votos en pro de su propia juvencia entregándose a las caricias de los masajes. Los que jamás salieron del jacuzzi, siguieron pidiendo las cervezas desde allí. Las compradoras compulsivas pudieron dar rienda suelta a su manía, comprando de todo en el “big sale” del Logo Shop, la relojería y la venta de cadenas de oro por metro.

Los que no se habían animado a la climbing wall hicieron un último intento. Los jugadores de bridge cantaron sus últimos “sin triunfo” y los del casino tiraron sus últimas fichas.

Yo me encerré (melancólico) en el Connoisseur Club en medio de un humo cubano que debía acabarse sí o sí antes de la llegada a Miami (donde está prohibidísimo entrar con cigarros cubanos, así que hay que fumárselos a bordo).
Por la noche, el desfile de valijas multicolores en los pasillos le dieron el toque de color al final del viaje. Luego, por la mañana un sinfín de dormidos deambulamos por el Windjammer en pro del desayuno, ya con vistas a Miami.
Finalmente por orden de colores (según las etiquetas de la valija) descendimos entre las 7,30 hs y 9,30 hs. Obviamente yo pedí quedarme hasta el final, para disfrutar hasta el último momento de ése “grandote” de los mares que se llama: “Navigator of the Seas”.
Fuente: Noticias de Cruceros



































