Severa autocrítica chilena
Finalmente, luego de echarle la culpa a la crisis, a las tasas portuarias, a los representantes chilenos en el Seatrade, a la competencia. En fin, a un sinnúmero de factores a través de la prensa local, El Mercurio, aclaró que la suma de una serie de errores está llevando a los puertos chilenos fuera del circuito de cruceros.

La era de los grandes cruceros se está hundiendo en aguas chilenas. Las tarifas que cobran a cada barco de pasajeros que arriba a estas costas son tan altas, que algunos prefieren pasar de largo y recalar en Argentina y Uruguay.
La actividad alcanzó su peak durante la temporada 2008-2009, cuando arribaron más de 104 mil turistas al terminal de pasajeros de Valparaíso. Al año siguiente sólo llegaron 68 mil; es decir, un 35% menos.
Las pérdidas no son despreciables para el comercio de las ciudades costeras. Cada turista gasta hasta US$120 diarios, considerando los servicios de agencias de turismo, taxis y buses. En total, se estima que en la temporada 2008-2009, la mejor de nuestra historia, los cruceros dejaron del orden de US$ 40 millones a la economía local.
La primera lectura que se hizo de la caída que se precipitó al año siguiente fue que la crisis económica había hecho mella en la actividad a nivel global y que Chile no había sido la excepción. Sin embargo, durante la misma temporada, los desembarcos en Buenos Aires aumentaron 10%, inyectando importantes recursos frescos al turismo de esa ciudad.
Cifras de la Corporación de Puertos del Conosur advierten que mientras los costos extraportuarios para una nave de 181 metros de eslora y 684 pasajeros que arriba a Valparaíso es de US$ 21 mil, en Ushuaia llegan a US$ 13 mil.
Cierre de casinos
Aparte de las tarifas portuarias y extraportuarias, hay otra restricción que está conspirando contra la actividad: los cruceros no pueden usar sus casinos de juego en aguas chilenas, situación que genera millonarias pérdidas a estas empresas durante los 14 días que pueden tardar en recorrer los cuatro principales puertos locales. En Argentina y Uruguay, en cambio, sí pueden operar libremente.
A esto se suma las ventajas geográficas y de infraestructura que ofrecen las ciudades del Atlántico. Buenos Aires, Montevideo y Ushuaia tienen terminales de pasajeros propiamente tales. En el sur de Chile, en cambio, sólo existen refugios para pasajeros en tránsito.
Fuente: El Mercurio




































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