Oporto avanza, Vigo tiembla
La competencia entre puertos europeos genera trabajo, valores de estadía que dan la chance de elegir uno u otro (por parte de las navieras) y brindan un “estado físico” saludable a las comisiones que los dirigen. Esta nota, publicada en un diario gallego, advierte sobre el “peligro” que se avecina con la puesta en escena, en el mercado crucerístico de Oporto, el legendario puerto portugués.

Vista de Oporto
El puerto de Oporto inauguró ayer la primera fase de su nueva terminal de cruceros, con la puesta en servicio de un espigón de casi 500 metros lineales que permitirá el atraque de barcos de pasaje de hasta 300 metros de eslora. A medio plazo, esta infraestructura supondrá una competencia directa para Vigo. El plan de las autoridades lusas alcanza su cénit en el 2013 cuando en teoría esté concluida la nueva terminal.
La inauguración y las previsiones de los operadores portugueses no han pasado inadvertido para los empresarios gallegos, en tanto que representará un peligro importante en el caso de que se cumplan las expectativas que Portugal ha depositado en la nueva terminal de cruceros. Se trataría de alcanzar en Oporto, según las estimaciones, una frecuencia anual de 110 buques en el horizonte del 2018, frente a los cerca de 60 previstos para este ejercicio.
En este momento, Leixões recibe cada año la visita de unos 70.000 cruceristas, muy lejos de los más de 233.000 que tuvo Vigo el año pasado. En todo caso, una nueva infraestructura de este tipo representa siempre un riesgo para incluso aquellos puertos que tienen una posición aparentemente desahogada en el negocio de los cruceros. Así, Vigo es la quinta ciudad española en este apartado, solo por detrás de las grandes terminales del Mediterráneo y de las islas Canarias, según datos de Puertos del Estado.
La inauguración oficial de la terminal de Oporto corrió a cargo del ministro de Obras Públicas Antonio Mendonça. El muelle ha costado 21 millones de euros y su puesta en funcionamiento se ha retrasado unas semanas, lo suficiente para que Vigo captase en marzo dos buques de la naviera Cunard previstos en principio en Leixões.
La crisis financiera de Portugal no parece, según fuentes lusas, que vaya a afectar a un proyecto que ya está a medio camino y que garantizar el retorno del dinero público invertido. Los estudios sobre este negocio han evaluado en torno a 60 euros diarios por cada crucerista los gastos que realizan en la ciudad en la que los trasatlánticos hacen sus escalas. Los más optimistas elevan la cifra hasta los 200 euros si es puerto base.
Fuente: La Voz de Galicia





































