Biorritmo en Alta Mar
El célebre periodista argentino Horacio de Dios, columnista del diario La Nación, nos envía en exclusiva una visión de su viaje a bordo del Costa Fortuna entre Buenos Aires y Venecia.

Las vacaciones de salud que siempre me prometo las tuve en alta mar cuando viaje desde Buenos Aires a Venecia en el Costa Fortuna.
Pensé que podría aburrirme en una travesía larga y me equivoqué. La pasé tan bien que quiero repetirlas.
Al principio, al navegar frente a las costas de Brasil, los días se fueron haciendo más cortos y luego, después de dar el gran salto del Atlántico, era al revés. Salí con el comienzo del otoño y llegué con la iniciación de la primavera.

María Sofía y Horacio en el Costa Fortuna
Para uno, habitante de ciudad que no sabe ni a que hora se va el Sol o sale la Luna, era una novedad vivida con todo el cuerpo. Y fui aceptando ese biorritmo en coproducción con el barco durante 25 noches.
Madrugaba, y con la fresca, tomaba jugos y frutas. Después caminaba por la cubierta que todavía tenía reposeras libres y volvía para completar mi desayuno en el comedor de sentado.
En el buffet uno tiene los ojos más grandes que el estomago y suele comer de más. Por eso también para almorzar o a la noche elegía la carta que nos pone limites porque las porciones son más razonables.
Recuperé el placer de la siesta de pijama y Padre Nuestro y, sin apuro, iba al gimnasio para pedalear desde la proa en mi bicicleta fija con respaldo para que la columna no sufra. Luego baño turco y sauna con ventana al mar y prepararme para el anochecer porque tenía el segundo turno de comidas.
Aunque compartía las comodidades con 3500 pasajeros siempre había lugar para todo. La zona crítica ya no era la piscina sino los hidro masajes (yacuzzis) que son los mas populares y sus habitúes no quieren salir nunca del agua calentita y vibradora.
El mar tranquilo y susurrante, la marcha lenta (no mas de 35 kilómetros en medidas de tierra), el silencio y la preparación para las excursiones que siempre atraen, no dejaban minutos libres. Ni hablemos de matar el tiempo porque lo lindo en vivirlo.
Tenía mis lecturas y sobretodo Internet del cual soy adicto. A través de la web me anticipaba a los destinos que iba a visitar. Hasta que pensaba en Venecia y cerraba los ojos para imaginarla. Era mi asignatura pendiente porque no la conocía. Y llegué en magnifica forma para agradecerlo a Santa María della Salute.
Fuentes: Horacio de Dios/Noticias de Cruceros





































