Un remolcador que no quiere pasar a retiro
En un mundo donde los cruceros ya no necesitan más de los remolcadores, un remolcador se convierte en minicrucero para seguir navegando y mostrar a sus huéspedes los puertos íntimos de la costa napolitana a los que no se puede llegar en una nave grande.

Puente de mando del Vittorino 1914
En el panorama crucerístico actual, las navieras nos sorprenden con la botadura de gigantes naves, clones de otros barcos del grupo, y sobre todo una uniformidad que a veces resulta aburrida. Sin embargo, quedan emprendedores, que desde lo chiquito y bello resucitan ideas francamente interesantes. Amadeo De Nicola, un napolitano de pura cepa, vinculado con el mar, acaba de lanzar una idea de barco clásico, nostalgico y un concepto personalizado de embarcación boutique. Sobre todo abrevando en las raices de una nave histórica. El Vittorino 1914 era una remolcador holandés que había quedado abandonado a su suerte.

El "Vittorino 1914"
El empuje y tenacidad de su actual propietario logró el milagro y hoy nos presenta una nave totalmente restaurada, reciclada en un barco de alquiler o un crucero muy íntimo y personalizado.
Desde 500 euros y con rutas de 2, 4 y 5 noches, se ofrecen salidas visitando los alrededores de su “home port” Napoles y también localidades como Capri y otras más desconocidas a los cruceros grandes, tales como como Ventotene, Ponza, Gaeta o Ischia entre otras. El barco dispone de una capacidad máxima de 8 huéspedes, en tres dormitorios. Tiene ademas zonas exteriores, un salon-comedor con cocina, y todo tipo de tecnología abordo para una navegación moderna y segura. Sin duda, una especie de huída de las grandes tendencias, recuperando la esencia de navegación de toda la vida.
Más info: http://www.vittorinocruise.com
Fuente: Infocruceros





































